Las ovejas negras
Decididamente para la “familia Trapp”, mi otra prima y yo somos las ovejas negras o algo por el estilo. Las que sacan los pies del plato y encima se lo pasan bien, las que saben que en la vida no hay una única manera de hacer las cosas y les importa un carajo si ellos lo aprueban o no… Nosotras, las otras, las diferentes. Bueno, en realidad no tanto la verdad, algo me dice que esa gente se nos parecen más de lo que serían capaces de admitir nunca pero son una panda de hipócritas, y al final terminan criticando aquello que en realidad envidian.
Desde aquella reunión donde se destapó la mini bomba no hemos vuelto a quedar todas, y van dos plantones… y no sé por qué, que algo me dice que no es casualidad. Qué mal me huele todo… me llega un tufillo verde de la parte norte de la ciudad que ya mosquea. ¿Será cosa de esa estúpida conciencia de mujer casada que se les pone? Por ahí deben de ir los tiros, conozco demasiado bien las enseñanzas que reciben y han recibido toda la vida como para no tener cierta idea a estas alturas. Una mujer casada y respetable o una “señorita” respetable con un respetable novio (aunque en realidad esté más tocá que una guitarra), no se van a dejar ver alegremente con las dos locas de la familia, que luego se enteran las demás y las crucifican… No, ellas tienen cosas mejores que hacer y más propias de mujercitas de su casa felices a cosa de lo que sea.
Y por eso, las dos locas de la familia la semana que viene nos vamos a ir a la playa en nuestra alegre alegría y a ellas las va avisar su puta madre…