Hay una parte de mí oscura y rota, seca y agria, de pie, anclada a la tarima del aula 0.4…
Esperando…
Aún esperando…
La ofensa la hubiera perdonado…
La decepción no puedo olvidarla… Y el tiempo la convertirá en un arma arrojadiza, en un boomerang que se dispararía de forma imprevista al tocar un resorte invisible pero que siempre estaría dispuesto y listo para saltar…
Suerte que no hay más remedio que dejar que se oxide.
Bueno ayer después de escuchar tu intervención en “J.e.l.o.” me quedé un rato pendiente de la auditoría y parece que a los oyentes no terminas de hacerles mucho chiste (lo del chiste es un decir), vamos, que muchos decían incluso que les aburrías, hay que ver lo que son las cosas, ¿eh? en televisión creando audiencia y en radio haciéndola desaparecer. En fin niño, imagino que con ese gustillo que le tienes a disfrutar de tus propios fracasos, no te va a suponer ningún trauma si no te vuelven a llamar para participar en el programa, alguna cosa aprenderás del asunto… a priori no se me ocurre ninguna, pero ya he leído que eso a ti se te da muy bien.
Sea lo que sea me gusta cómo han quedado y además, no es para hacerme propaganda, en realidad debería ser al contrario. Es más bien para darme un gusto propio, un caprichito de mi versión digital para que todo su mundo sea algo más que un puñado de letras en una pantalla.
De repente se despertó. Le parecía que llevaba semanas vigilando aquel lugar desde la ventanilla de su destartalado Ford. Por fin lo vio salir. Un autobús atravesó la calzada ocultando los movimientos del hombre durante unos segundos. Ya se disponía a bajar del auto para seguirle cuando se percató de que aquel individuo caminaba en dirección a él. Apenas tuvo tiempo de reaccionar, al momento se vio encañonado por un revólver calibre 38.
Mientras intentaba pensar escuchó en la lejanía una voz airada diciendo:
― Niña, deja eso ya y ayúdame a poner la mesa.
Algo no cuadraba, pero no le dio tiempo a pensar en más. De repente un ruido sordo; el mundo entero se paralizó y todo se volvió negro.
Elena colocó el libro de nuevo en su estantería y caminó pesadamente hacia la cocina en busca del mantel y los platos.
Fue casualidad, lo juro, fue casualidad!!! Con lo tranquila que iba yo pensando que ya podía estar a mi aire, y por poco se me corta la respiración cuando llegué. No entiendo nada, en serio, no entiendo nada… Las dos y media, eran las dos y media!!!! Ni las dos, ni las tres!! A esa hora no se va nadie a casa salvo yo… Se puede saber qué demonios…?
Y lo del asiento… sólo fue una elección rápida, lógica y práctica ya que desde allí lo vi todo lleno, y mi sitio preferido había sido oportunamente ocupado unos segundos antes. Sí, sí, ese precisamente es mi sitio preferido, porras! Qué rato más extraño, aunque si soy sincera no he podido sentirme más a gusto, hasta me ha resultado divertido, fíjate! Bueno, divertido es un decir, claro… pero lo confieso, sí, me ha gustado. No hombre, enfadarse no vale… además he intentado ir a lo mío todo el rato y aprenderme el parque de memoria y al final hacer como si nada y dejar la vía libre para que no resultara incómodo. Que sí que lo ha sido? Vaya, pues lo siento, pero quizá para que las cosas fueran más sencillas y más agradables sólo haría falta que… sí, eso mismo, no voy a decir lo que ya se sabe. Ah, por cierto, el otro parque precioso, verdad? y los pabellones, vamos como si fuera la primera vez que se ven, eh?
Pero lo mejor, el carrerón hasta el metrocentro, eh? qué zancada madre de Dios! Era como el cuento ese de las botas de siete leguas…. Casi me quedo hipnotizada sobre la vía. Si algo está claro es que con los pies sobre el asfalto queda fuera de mi alcance.
En esas páginas, entre esos renglones, hay algo que me llama… algo que me llama a gritos y no puedo dejar de escucharlo. Una llamada que se agudiza y se acentúa en cada nueva oportunidad, casi puedo escucharla penetrando directamente en mi interior a través de una rendija que nunca se cerró, hasta una parte de mí que no recordaba que existía. Y debería salir corriendo en dirección contraria porque lo que más me apetece es correr en su misma dirección sin mirar a ninguna parte, sin pensármelo dos veces. Pero hay cosas que no pueden ser y lujos que no puedo permitirme, y quizá fue por eso que aquel día no…