Uno más uno, dos
Hoy he leído que una de las reglas para ser feliz es enamorarse alguien que te corresponda… Qué sencillo, eh? Tan sencillo como pasar página cuando alguien no te corresponde, así de fácil, borrón y cuenta nueva… “éste no me conviene, así que hala, ya no le quiero, a por otro…”.
Parece que el amor se pesa, se mide, se cuantifica, se elige, se decide, se piensa, se analiza, se racionaliza… y luego, por último… se siente… pero eso ya es lo de menos, no? Y es que algo tan sumamente estudiado no puede salir mal, mejor dicho, tiene una garantía de éxito total y abrumadora.
Desde luego es que hay que ser gilipollas para creer que se sabe todo sobre el amor y sobre las parejas… para pensar que se conocen las claves para ser feliz, como si hubiera una guía para eso (encima hasta se escriben libros sobre ello… y lo peor de todo es que se venden!), como si fuera lo mismo para todo el mundo y todos deseásemos lo mismo y todos sintiésemos igual y todos fuésemos igual de borregos y de predecibles y el amor fuera una especie de cálculo matemático. Me gustaría saber cómo llevan esas personas sus relaciones… deben tener una computadora que analice cada momento.
No creo que el amor sea un negocio en el que invertir para obtener beneficios, no es un “contrato entre dos personas”, no es algo que compensa o no compensa… Me niego a dejar que me den lecciones sobre el amor. Sobre todo si las imparte un cerebro y no un corazón.