Sucesos
Me cuentan que cuando nos encontraste sentadas en las escaleras sonreíste… Me cuentan que haces extraños comentarios fuera de tono, que estás altanero y que estás cambiando mucho últimamente, y algo me dice que ni siquiera tú sabes exactamente a dónde vas… únicamente a dónde no quieres ir.
Hace varios días te miré mientras hablabas con alguien; casi no recordaba ese tic tuyo tan característico que antes me pasaba desapercibido y que en ese momento me volvió a llamar la atención. Otro día volví a mirarte y estabas diferente; te acercaste a cortar pastel “con permiso”…
Vuelves de prácticas, aparezco y te quedas mirando cuando sabes perfectamente que soy yo la que entra… y sigues mirando. A veces tengo la impresión de que sigues pendiente de dónde estoy, de dónde voy, de hacia dónde miro o hacia quién hablo… ¿es costumbre? ¿es manía? ¿qué demonios es?
Nos evitamos y nos esquivamos por todas partes sin mediar palabra… lo que sea para no estar cerca… aunque a veces se transforma en un concurso de resistencia a la incomodidad.
Sé que hoy debías estar cansado y lo dijiste en alto, en medio del pasillo, hablaste de ayer, sabiendo que yo estaba al lado. La verdad es que ya lo sabía desde hacía tiempo y que ayer me acordé… tal vez la mayoría no lo sabe, pero yo sé que es una jornada que no llevas nada bien, que se te hace muy cuesta arriba, y tampoco puedo hacer como si no supiera nada.
Sin embargo eso hice… cerré el armario y me marché por el pasillo en dirección contraria.