Ojos abiertos
Sigo sintiéndome a gusto al hablar contigo… imagino que lo notas. Ayer, al teléfono, lo cogiste y te llamé por tu nombre como si te hubiera visto un rato antes. Te noté raro por un momento, no me esperabas, eh? Luego te escuché de lejos… aún recordabas mi nombre. Hoy te acercaste a mi mesa y me llamaste. Me volví diciéndote “dime”, sin sobresaltos, ni palpitaciones, es lo más curioso, que cuando me hablas parece que no ha sucedido nada y apenas siento el vacío que tú has abierto con todos estos meses de silencio. Me diste el papel y el vial… Y te quedaste por allí repartiendo papeles…
Imagino que no esperarías que te dijera eso que hoy apenas habrás escuchado, verdad? Porque sabes que no puedo decírtelo. Me hubiera gustado, claro que sí, no me parece bien tener que callarme incluso algo tan sencillo como eso pero no quiero arriesgarme a que me contestes por los cerros de Úbeda… Quizá no, quizá a ti también te hubiera gustado pero no hay nada que me indique algo así, ni siquiera el hecho de que me llames por mi nombre por primera vez desde hace meses… porque me sigues negando el saludo…
He caminado a ciegas por ti demasiadas veces y me he dado un montón de golpes…
Ahora voy con los ojos abiertos y en mi propia dirección.