Qué será será?
Estar ahí…
“Sin contratos que firmar”.
Hace tiempo que no te miro a los ojos… Te veo de lejos, te mantengo la mirada en la distancia un par de segundos, pero si voy a cruzarme contigo la dirijo en otra dirección. A veces creo que tú me miras más a mí que yo a ti. No sé qué se esconde en tus pupilas desde hace mil años… porque eso es lo que me parece que ha pasado desde la última vez que vi algo similar a un sentimiento en tus ojos. Luego sólo los vi vacíos, huecos, sin vida… y así no quiero mirarlos, porque una vez vi tanta vida en ellos, que ahora, a pesar de todo, me duele verlos así… Sin aquella luz.
Sé que las cosas este curso no van a ser fáciles… Un año más, ya lo sé, y más de lo mismo, también lo sé. Más prácticas, menos tiempo, el ambiente triste y enrarecido… Otra vez, otra vez… ya lo sé, otra vez…
Pero tu cansancio, tu tristeza, tu desilusión, tu aburrimiento, tu decepción, tu frustración, tu soledad… han dejado de ser asunto mío porque tú lo has querido así. Y por eso no quiero mirarte a los ojos, porque vea lo que vea en ellos, ya no son de mi incumbencia, y no quiero leer en su expresión que estás cansado, triste, desilusionado, aburrido, decepcionado, frustrado, solo… porque ya no debe importarme, no puede importarme… y no debo, ni puedo, ni voy a hacer nada.
Reconozco que podías no haberme dicho nada… podías haber llegado en silencio y haber soltado en mi mesa el papel, que era lo que yo esperaba que hicieras, sabes? Imagino que me viste por la escalera y durante esos segundos que transcurrieron entre vernos y cruzarnos, te planteaste qué hacer, decírmelo, no decírmelo? Y al final pensaste que esto sólo era trabajo y que actuarías lo más normal posible…
Sin embargo yo te noté tenso al hablarme… natural pero… tirante. Ha debido costarte trabajo decidirte, lo sé… Lo más asombroso, sabes qué fue? Que me hablaste y no me puse nerviosa, pero nada nerviosa, no se me aflojaron las piernas, no se me hizo un nudo en el estómago, no me eché a temblar cuando te fuiste… Increíble pero no sucedió nada de eso. Al contrario, escuché tu voz, ya por detrás y cuando me di cuenta de que era a mí, me giré, tranquila y hablé contigo como siempre, con una naturalidad que me hubiera resultado imposible un par de meses atrás. Recuerdo haberme sentido como si no hubiera sucedido nada entre nosotros, como si habláramos todos los días, como siempre, como antes…
Al final te di las gracias y luego continué escaleras abajo, tranquila, sin sobresaltos y sin volverme siquiera para mirarte…
No quieres que te quiera…
Pero tampoco quieres que te olvide.
Me miras con indiferencia, apartas tus ojos de los míos cuando nos cruzamos y sin embargo luego, intentas provocarme con gestos aparentemente casuales… que tú y yo sabemos que no lo son. A estas alturas nos conocemos y nos interpretamos demasiado bien, y me demostraste que eres lo suficientemente rebuscado como para seguir midiendo y analizando tanto tus actos como los míos.
Y una pregunta me vuelve a asaltar… ¿me lees?
¿O será simplemente que no termina de hacerte gracia que la única mujer que te hacía caso comience a vivir su vida sin contar con la tuya? Pues te lo has buscado tú solito y con insistencia, así que ahora no te quejes.
A veces, siempre a veces, me pregunto quién eres, de dónde vienes? Si no serás realmente un dulce marcianito disfrazado…
A veces, siempre a veces, me sorprende tu manera de ser, tu manera de sentir, tu manera de pensar, peculiar, especial y diferente…
A veces, siempre a veces, me impresiona ese corazoncito tuyo, tan grande, tan transparente, tan detallista y muchas veces, tan inocente… pero siempre tan lleno de dulzura, tan sincero… Tan sencillo y a la vez tan complicado…
¿Cómo fue que me encontraste?
¿Cómo fue que te encontré…?
Te echo de menos…
Me huyes, me evitas, te sientes incómodo y me haces sentirme incómoda a mí. Nos falta espacio para esquivarnos y ruido para no oírnos. Nos sigues complicando la vida día tras día.
Sé que ya no estás enfadado, pero también sé que no darás marcha atrás, que sabes, como yo sé, que esto es lo mejor para los dos. Que lo mejor es no volver a cruzar una sola palabra. Sí, la solución, o mejor dicho la única salida que nos quedaba era ésa, pero tú nos has hecho derrapar al tomar la curva y nos has colocado en una situación de siniestro total. Y esto no hay seguro que lo cubra.
Me diriges extrañas miradas asépticas… Veo tus ojos vacíos y sin embargo sé que no lo están, pero no identifico lo que me dicen. Es como si ya estuvieras muy lejos y no pudieras volver… y comprendieras que yo tampoco puedo seguirte ya y que también comienzo a alejarme, poco a poco.
Para mí es momento de reflexión y momento de decisiones, momento de sentir pero también de pensar, de plantearse cuestiones cuyas respuestas aporten un poquito de luz a este largo pasillo en el que me encuentro. Es un momento crítico, un punto de no retorno, cuando se haga la luz del todo sólo habrá un camino a seguir y ya no habrá vuelta atrás.
¿Quién ha dicho que no se puede caminar sobre un arco iris en noches de luna nueva?
Ahora, que puedo soñar entre tacitas de café y lamparitas de colores, todo es diferente de nuevo.
Ahora que tengo dulces veladas nocturnas en apantallados rinconcitos, todo puede ser mágico de nuevo.
Ahora que tengo a alguien, tan lejos pero tan cerca, conmigo en cualquier lugar del mapa, puede volver la ilusión de nuevo.
Ahora tengo a alguien a quien echar de menos… (jijijiji… no te enfades, no es trampa), alguien a quién mostrarle esa parte de mí que nadie conoce.
Es maravilloso tener a alguien que piense en mí, a alguien me diga “te quiero”, que me dé un besito de buenos días y de buenas noches… y que esté ahí para recoger en sus ojitos y entre sus manos, todo lo que yo le dedico, sin que se pierda nada, como si fueran pequeños tesoros.
Por primera vez alguien y yo, compartimos “algo más”, y eso me hace sentir bien, alegre y feliz. Me hace pensar que quizá, quizá, no esté todo perdido, que mi futuro, que el resto de mi vida, todavía puede ser diferente.
Los pasillos, las escaleras, las puertas… otra vez, lo mismo de siempre, el mismo ambiente viciado. Qué difícil volver, hasta me ha costado trabajo caminar la acera que linda con el edificio.
Te vi de lejos… tú ni siquiera me mirabas pero vi tus ojos, y estaban vacíos. Y sólo sentí incomodidad y fastidio, y luego, más tarde, un poquito de nostalgia por tiempos pasados que no volverán…. ni deben volver. No tengo nada que decirte, no tengo nada que contarte. A la persona que he visto hoy no la conozco, no sé quién eres pero ya no eres tú y ese desconocido no me interesa en absoluto.
Y sabes? no era en ti en quien pensaba esta mañana cuando me desperté, cuando llegué al trabajo o cuando me marché a casa… No, ya no era en ti.