Abriendo senda
Ya me podías haber preguntado cómo me encontraba, no? Qué pasa, tengo que estar muriéndome para que te dignes a hacerme un poquito de caso?
Hoy has estado más serio conmigo que estos días atrás… y casualmente ha coincidido con que hoy ha vuelto a aparecer “esa”. Se acabó la tranquilidad, la intimidad y la charla amena, a partir de ahora volvemos a la risita, a la tontería, al chiste fácil, a escucharla a ella… Siempre te ríes mucho con esa mujer y le sigues las bromas o se las haces tú, mientras que a mí… Bueno, yo la verdad, nunca he sido tan ocurrente ni tan aguda, qué le vamos a hacer… En fin, para qué decir más?
Niño mío, por favor, no nos hagas dar más pasos atrás, ya hemos retrocedido demasiadas veces para volver a avanzar luego. El camino no está cortado, podemos seguir adelante, entiendes? podemos continuar abriendo sendas.
Te he visto a mediodía, cuando pasaba en coche por la parada del autobús, estuve a punto de pegar un frenazo y no sé muy bien si por el coche que tenía delante o por el hecho de encontrarte. Y allí estabas, de charla con dos mujeres, y por un momento he tenido celos del mundo entero, de todas esas personas que tienen la libertad de poder hablar contigo sin que exista nada detrás que enturbie la relación, que produzca tirantez en la conversación y que congele las sonrisas.